8 de marzo de 2011

Viento, ventana, cuarto


Una vez que lo dejó partir, ella decidió dejar abiertas las ventanas de su casa para que el viento se encargara de cubrir con lluvia o polvo esos despojos. Pero el viento es sordo y siempre está ocupado de los árboles y del rumbo libre de los pájaros. Entonces decidió clausurar todos los cristales y se arqueó en la cama para hartarse de sí misma bebiendo el cáliz de su sangre. A su regreso él destendió las sábanas y decidió que ahora era tiempo de olvidar las almohadas, barrer el cuarto, cambiar la señal del televisor, dormir un tanto.

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