22 de abril de 2023

SOBRE EL MIRAR RAYADO (Una meditación posbicicleta)

Tu libertad en bicicleta llega hasta cuando en Colombia, en una vereda del suroccidente del país llamada Ampudia, a 12 kilómetros de Jamundí y a 30 de Cali, en el Valle del Cauca, encuentras un enorme letrero que te advierte estar en territorio regido por un grupo criminal, el Frente Dagoberto Ramos de las disidencias de las Farc. Se trata, sin divagar mucho, de un colectivo residual que dejó el Acuerdo de Paz firmado en Colombia en 2016 y que no tiene otra razón de ser que la de aprovechar la ingobernabilidad de este país para adueñarse de la producción y el comercio de narcóticos.

Tu libertad en bicicleta te lleva a distintos lugares, incluso los harto frecuentados, a los que regresamos buscando siempre algo que nunca hallamos, que nunca se nos da, o que aparece de nuevo pero de forma distinta y tal vez por eso causa dificultad reconocerlo. A ese lugar, Ampudia, una vereda pequeña, dispersa en el camino que conduce de Río Claro a Villacolombia, volví después de no sé cuántos meses. ¿Buscando qué? Cierta inyección de adrenalina que vuelca su pinchazo en el corazón a lo largo de los diez kilómetros que tiene el ascenso desde Río Claro. Saludando a la gente. Incluso al grupo de militares que parece pastar dudas tres kilómetros antes de Ampudia. Y reculando con la bicicleta una vez que, ya ahí, un personaje de rostro siniestro te mira rayado, golpeado --como decimos por estos lugares-- y entonces decides que es mejor regresar con tu raudo temor a cuestas.

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Pues bien: con ese mirar rayado que te apuñala y vulnera; que te amedrenta y te advierte de problemas en caso de que llegues más al fondo de algo que flota en el aire o que te esperará si osas seguir en tu bicicleta. Eso es: un mirar rayado cual frontera invisible, un enorme muro quizá más duro que si fuera concreto, porque éste tendría una dimensión determinada, un punto de partida y otro de llegada, a diferencia de la barda invisible que tienden las miradas. "No Pasar", gritan los ojos, que se fijan también en los nuestros para saber si descubrimos que dos hombres más, en un camión, trajinan con barriles azules de algo que, supongo, tiene relación con el enorme e incabable negocio que ayuda a mover las agujas del reloj mundial: el narcotráfico.

De modo pues que la libertad en bicicleta llega hasta cuando una mirada pone ante ti una tapia imperceptible y te derrota.


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