14 de mayo de 2011

Una madrugada, la furia



Hasta una esquina sin nombre han venido a detenerse tus pasos vestidos de blanco, desde el cuello donde el beso aún se agita, hasta la última uña que horas antes remataste con una media luna.


Aún hierven sus entrañas en tus vísceras y la mañana despunta en las montañas como si la luz viniera a iluminar un quirófano siniestro.


Agua sin alma en las calles despertadas entre taxis y algunas bicicletas pedaleadas por fantasmas.


La grisásea turbiedad pone ante ti una puerta amarilla, una placa, otro fantasma que apenas da su rostro.


Y en tu mano la madrugada escancia el resto de la botella de ron que más tarde pintará con lápices de furia y sangre el rostro de ese rostro.


Y sientes que las horas alargan más tus uñas.


Que por fin la mañana te preña de pantera, de águila, de hiena.

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